¿Te apuntaste al gimnasio en septiembre y ya no te apetece tanto ir? ¿Empezaste un curso, un proyecto personal o una nueva rutina con mucha energía y ahora te cuesta encontrar el mismo entusiasmo? Si es así, octubre puede estar haciendo algo más que devolverte a la rutina: puede estar mostrando cómo funciona realmente un hábito.
Septiembre tiene algo de nuevo comienzo. Para muchas personas es una especie de segundo enero: se retoman horarios, empiezan cursos, se hacen planes y aparecen nuevos objetivos. Durante las primeras semanas, todo parece más fácil. Hay ganas de empezar, curiosidad y, en ocasiones, bastante motivación.
Pero llega octubre. El gimnasio deja de ser una novedad. Estudiar vuelve a ser estudiar. El proyecto personal requiere sentarse delante del ordenador aunque no haya ninguna idea brillante. Y aquello que en septiembre parecía estimulante empieza a formar parte de la rutina.
¿Significa que has perdido el interés? No necesariamente. Ahí es donde resulta interesante la reflexión de Minihábitos sobre la motivación y la fuerza de voluntad.
La motivación no está diseñada para acompañarte siempre
En Minihábitos, Stephen Guise plantea una idea bastante incómoda para quienes confiamos demasiado en el entusiasmo inicial: la motivación no es una estrategia especialmente fiable para mantener una conducta en el tiempo. No porque la motivación sea inútil. Al contrario. Cuando tenemos ganas de hacer algo, empezar resulta mucho más sencillo. El problema aparece cuando convertimos ese estado de ánimo en una condición necesaria para actuar.
Si hoy me apetece ir al gimnasio, estupendo. Si me apetece estudiar, perfecto. Si estoy inspirado para escribir, mejor todavía. Pero ¿qué ocurre mañana? La motivación cambia con el cansancio, el estado de ánimo y las circunstancias. Guise explica que, cuando baja la motivación, aumenta el coste de fuerza de voluntad necesario para hacer aquello que nos hemos propuesto. Y esto importa especialmente cuando intentamos construir un hábito.
Por eso, que en octubre tengas menos ganas que en septiembre no significa necesariamente que algo haya salido mal.
Cuando deja de ser emocionante, empieza a convertirse en hábito
Hay una trampa bastante habitual al empezar algo nuevo: confundimos el entusiasmo de los primeros días con el hábito que queremos construir. Al principio todo tiene cierta novedad. Puede resultar estimulante apuntarse al gimnasio, comenzar un curso o ponerse por fin con ese proyecto que llevábamos meses posponiendo. Pero esa emoción no está destinada a mantenerse intacta.
Según Minihábitos, la repetición de una conducta puede hacer que disminuya la emoción asociada a ella. Precisamente ahí está parte de la utilidad del hábito: hacer algo requiere menos resistencia y se vuelve más automático. Esto cambia bastante la forma de interpretar lo que nos ocurre. Que un martes de octubre no te apetezca ir al gimnasio no significa que hayas perdido la motivación para siempre. Puede significar, simplemente, que ir al gimnasio ha dejado de ser una novedad.
La falta de entusiasmo puede ser menos preocupante de lo que parece.








