Un poder más allá de la compasión
Judith Orloff presenta la empatía como una habilidad que podemos desarrollar progresivamente para transitar tanto las adversidades como la felicidad, en comparación con la compasión, que principalmente significa sentirse apenado por los problemas o el malestar de otra persona.
Empatía y compasión están estrechamente, pero se diferencian de forma muy sutil. La empatía se define como la capacidad de sintonizar con las emociones de otro, una manera de “sentir con él”. Implica conectar primero con su perspectiva y su vivencia emocional.
Por ejemplo, imaginemos un therian que decide mostrarse públicamente en una concentración, sabiendo que puede ser objeto de miradas, comentarios o burlas. Practicar la empatía no significa compartir su identidad ni comprenderla por completo, sino percibir la vulnerabilidad que implica exponerse así. Es reconocer el posible miedo al rechazo, la necesidad de pertenencia o el alivio que puede sentir al encontrarse con personas afines. Ahora bien, Orloff también advierte que la empatía requiere equilibrio: debemos aprender a mantener esa sintonía sin identificarnos hasta el punto de absorber el malestar ajeno. Conectar sin perdernos.
La compasión, en cambio, implica “sentir por” la otra persona y dar un paso hacia la ayuda. En el caso que nos ocupa, la compasión podría traducirse en intervenir, ofrecer apoyo o simplemente defender su derecho a expresarse. Aquí no se trata de experimentar lo que él siente, sino de responder con amabilidad y respeto a su situación. Con la compasión mantenemos una cierta distancia emocional, lo que reduce la probabilidad de absorber el estrés del otro. Es una forma de cuidado que protege tanto a quien sufre como a quien acompaña.
Cultivar la empatía no significa ser una persona anodina o socialmente correcta. Más bien, se trata de una especie de entrenamiento para ser un guerrero pacífico. Implica dar y cuidar con intención.
Es probable que al leer este post, la empatía no sea exactamente lo que tú piensas que es. Como indica El genio de la empatía, se trata, efectivamente, de la sensibilidad para compartir la alegría y las penas de otras personas. Y sí, te permite percibir las necesidades de los demás para poder ayudarlos. Pero también significa ser compasivo con aquellos que son diferentes, e incluso, con lo que no te gustan.