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El dilema del yoga: ¿Es ético cobrar por dar clases?

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Después de años de práctica constante y de estudio profundo, acompañados por la lectura de referentes como Mark Stephens o Kino MacGregor, llega un momento en el que empiezas a reconocer que has construido una base tan sólida de conocimiento que te permitiría impartir clases de yoga.

Sin embargo, surge una cuestión inevitable: ¿es ético obtener un beneficio económico de una disciplina inspirada en enseñanzas orientales ancestrales? Amy Ippoliti y Taro Smith abordan esta reflexión en su libro El yoga como camino profesional.

El propio título ya deja entrever su postura, pero merece la pena adentrarse en sus páginas para comprender los matices de su propuesta. Quizá, al hacerlo, encuentres no solo respuestas, sino también el impulso necesario para dar el primer paso y convertirte en el profesor de yoga que estás llamado a ser.

El yoga como camino profesional de Amy Ippoliti y Taro SmithDale al play!

Las 3 posturas del yoga

Cuando una persona se plantea dar clases de yoga, suelen aparecer tres grandes categorías o sistemas de creencias:

Por un lado, están quienes consideran que el yoga debe preservar exclusivamente su dimensión esotérica y espiritual, por lo que muestran cierta reticencia a cobrar por impartir clases de yoga.

En segundo lugar, encontramos a quienes entienden la enseñanza como un pasatiempo o una actividad complementaria. Estos yoguines pueden permitirse dar clases de yoga sin que la remuneración sea un factor determinante.

Por último, están quienes asumen plenamente el contexto del siglo XXI y conciben las clases de yoga como una profesión a través de la cual ganarse la vida.

Por supuesto, Amy Ippoliti y Taro Smith defienden a ultranza la última postura y así intentan transmitirlo en El yoga como camino profesional:

«Cada vez que un profesor ofrece una clase de yoga gratis (o cobra muy poco), está pagando por impartirla. Ha pagado la gasolina del coche para llegar hasta allí, ha pagado el aparcamiento fuera del estudio y, posiblemente, también haya alquilado el espacio. Incluso una clase virtual tiene gastos, como el equipo, la suscripción al software de reuniones en línea y mucho más.

En otras palabras, esa persona ha gastado más dinero del que ha ganado. Cada vez que se imparte una clase de forma gratuita, la decisión influye en el mercado y perjudica a otras personas que dependen de los ingresos que obtienen por la enseñanza para ganarse la vida.»

Educación multidimensional

Según Amy Ippoliti y Taro Smith, quienes se oponen a la idea de que el yoga pueda entenderse como una actividad profesional o incluso como un negocio suelen pasar por alto un aspecto fundamental: el yoga no es únicamente una práctica espiritual, sino un sistema de aprendizaje integral. En él confluyen el trabajo corporal, la atención al bienestar físico y mental, la filosofía y hasta el estudio de una tradición histórica milenaria.

Desde esta perspectiva, el yoga se asemeja más a otras formas de educación estructurada que a una búsqueda exclusivamente espiritual. Nadie cuestiona que las clases de piano, los cursos de idiomas o la formación en disciplinas artísticas o corporales tengan un valor económico asociado. Del mismo modo, las clases de yoga implican un proceso formativo, una preparación previa y una transmisión de conocimientos que merecen ser reconocidos y sostenidos de manera justa.

Según El yoga como camino profesional, adoptar este enfoque no significa despojar al yoga de su dimensión espiritual, sino integrarlo en la realidad contemporánea. Ippoliti y Smith consideran que en el contexto occidental actual, resulta razonable replantear los marcos tradicionales y situar la enseñanza del yoga al mismo nivel que otras disciplinas educativas, reconociéndola como una profesión legítima, con valor social y con derecho a una compensación económica acorde a su aportación.

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Un camino profesional

Si estos argumentos te han convencido y te sientes preparado para dar clases de yoga, El yoga como camino profesional te ayudará a sacar el máximo provecho de tu vocación.

Desde su publicación original en inglés, este título se consolidó como una lectura de referencia para quienes deseaban iniciar o desarrollar una carrera en la enseñanza del yoga. Con el tiempo, el contexto ha evolucionado de forma significativa: el yoga en línea y las redes sociales se han convertido en herramientas habituales para los profesores, mientras que los cambios culturales, la crisis ambiental y la creciente ansiedad social plantean nuevos retos a la práctica y a la labor docente.

Este título ofrece recursos para adaptarse a esta realidad cambiante, desde la planificación de clases dinámicas y la creación de contenido digital atractivo, hasta la construcción de una base sólida de alumnos y la búsqueda de estabilidad financiera. También aborda la optimización de la práctica personal, el desarrollo de una marca propia y el uso del yoga como herramienta para fomentar la calma y la creatividad en un mundo convulso.

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