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Deseo sexual en la pareja: el mito de la frecuencia «normal»

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Pocas cuestiones generan tanta presión social como el sexo. Cuando no tenemos pareja, parece que deberíamos preocuparnos por mantener más relaciones sexuales. Y cuando la tenemos, la preocupación cambia de forma: ¿tenemos suficiente deseo sexual?, ¿mantenemos relaciones con la frecuencia adecuada?, ¿es normal querer menos sexo que nuestra pareja? Da la sensación de que siempre existe algún motivo para pensar que no estamos a la altura.

El problema es que hemos convertido la sexualidad en una cuestión de cifras y comparaciones. Medimos la calidad de nuestra vida sexual por la frecuencia de las relaciones o por la intensidad del deseo, como si existiera un estándar universal al que todos debiéramos ajustarnos. Sin embargo, como explica Kelly Casperson en No estás rota, el deseo sexual es mucho más complejo que cualquier número y las diferencias en la forma de vivirlo no son necesariamente un problema que haya que resolver.

Cuando establecemos estándares sobre la frecuencia con la que deberíamos tener relaciones o sentir deseo, generamos presión, comparación y frustración. Y esa presión afecta especialmente a las mujeres que atraviesan fases de falta de deseo sexual, haciéndoles creer que hay algo mal en ellas cuando, en realidad, la experiencia del deseo es mucho más diversa y compleja de lo que cualquier número puede reflejar.

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El falso mito sobre la falta de deseo sexual

En No estás rota, la uróloga y divulgadora Kelly Casperson cuestiona una de las ideas más arraigadas sobre la sexualidad en pareja: la falta de deseo sexual es un problema que debe solucionarse. De hecho, la autora prefiere hablar de disritmia sexual, un término que describe una realidad mucho más habitual: que dos personas no experimenten el mismo nivel de deseo.

Y es que lo verdaderamente excepcional sería que ambos miembros de una pareja quisieran mantener relaciones sexuales con la misma frecuencia y en los mismos momentos. En la mayoría de las relaciones existe una diferencia de deseo, y eso no significa que haya algo que arreglar.

Según Casperson, la falta de deseo sexual no convierte al miembro de la pareja que la experimenta en una persona defectuosa, ni implica la obligación de aumentar su interés por el sexo para satisfacer unas expectativas ajenas. El problema surge cuando entendemos el deseo como una responsabilidad o una tarea pendiente, como si fuera algo que debiera optimizarse constantemente. Es entonces cuando pueden aparecen las etiquetas (la que siempre dice que no), la vergüenza, las suposiciones y la evitación.

Cómo abordar la disritmia sexual sin culpa ni presión

Kelly Casperson propone en No estás rota una serie de pasos orientados no a solucionar la falta de deseo sexual de quien tiene menos interés por el sexo ni a igualarlo al de su pareja, sino a evitar que la disritmia sexual termine convirtiéndose en un problema para la relación:

  • Normalizar y despatologizar las discrepancias de deseo sexual en una relación romántica.
  • Informarse sobre el ritmo natural del deseo: que el deseo espontáneo decrece a medida que pasan los años en una relación y que tanto el deseo espontáneo como el reactivo son normales y corrientes.
  • Hacer hincapié en la naturaleza relativa y relacionada con la edad de la disritmia sexual.
  • No creerse el mito de que el deseo sexual espontáneo es lo que surge por defecto y que es el preferido.
  • Promover la comunicación sexual abierta.
  • Desarrollar guiones sexuales conjuntos que puedan satisfacer a ambos, además de descubrir las necesidades sexuales personales.
  • Trabajar los asuntos pendientes en la relación y las necesidades no satisfechas.
  • Estimular la diferenciación del yo, que se define como la habilidad para relacionarte con tu pareja sin dejar de ser tú misma ni perder contacto con tus propias necesidades mientras sigues teniendo una conexión profunda con ella, cuya visión puede diferir de la tuya.

La disritmia sexual es una realidad habitual en las relaciones de pareja y no debería interpretarse como un problema que haya que corregir. Lo más importante es poder hablar de ello de forma abierta y honesta, de manera que ambos comprendan cómo vive el otro su deseo sexual y cuáles son sus necesidades.

Esto tampoco implica que quien tiene menos deseo deba esforzarse por alcanzar el nivel de su pareja. Ninguna persona está obligada a satisfacer todas las necesidades sexuales de la otra, del mismo modo que tampoco debería exigirse lo contrario. La clave no está en encontrar una cifra ideal o una frecuencia «correcta», sino en construir acuerdos que resulten satisfactorios y sostenibles para ambos.

En muchas ocasiones, eso significa encontrar un punto de encuentro que respete las necesidades, los límites y los deseos de cada miembro de la pareja.

¿Cuántas veces a la semana es lo normal?

Llegados a este punto, quizá te estés preguntando cuál es entonces la frecuencia sexual «normal» en una relación de pareja. La respuesta de Kelly Casperson probablemente te sorprenderá: no existe una cifra universal que sirva para todo el mundo.

Lo que para una pareja resulta satisfactorio puede ser insuficiente para otra, y lo que funciona en una etapa de la vida puede dejar de hacerlo en otra. El problema aparece cuando utilizamos números, estadísticas o expectativas sociales para juzgar nuestra propia relación.

Si tu pareja desea mantener relaciones sexuales tres veces por semana y tú prefieres una frecuencia menor, eso no significa que uno de los dos tenga razón. Tampoco implica que exista una persona con un deseo sexual «normal» y otra tenga falta de deseo sexual. Se trata simplemente de necesidades diferentes que deben abordarse desde la comunicación, el respeto y la búsqueda de acuerdos.

Al final, la pregunta importante no es cuántas veces tienen sexo otras personas ni cuál es la media estadística. Caeríamos en el error de convertir el sexo en una tarea más. La pregunta realmente útil es si la dinámica sexual de vuestra relación os permite sentiros conectados, respetados y satisfechos a ambos.

No estás rota, es que nunca antes te lo habían contado

Si después de leer este artículo te has dado cuenta de que muchas de las ideas que dabas por sentadas sobre la falta de deseo sexual quizá no eran tan ciertas, No estás rota es una lectura muy recomendable.

A lo largo de sus páginas, Kelly Casperson desmonta numerosos mitos sobre la sexualidad femenina y aborda cuestiones como el deseo, la excitación, la frecuencia sexual, la comunicación en pareja, la anatomía, el placer o la intimidad desde una perspectiva rigurosa y libre de prejuicios.

Una lectura especialmente útil para mujeres que quieren resolver dudas sobre sexualidad y construir una relación más sana y satisfactoria con ella.

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