El estrés forma parte de la vida, y casi todos experimentaremos algún acontecimiento traumático o altamente estresante. Según indica Arielle Schwartz, estas experiencias no solo afectan la mente, sino también el cuerpo. Ansiedad, irritabilidad, fatiga, problemas digestivos o dolores crónicos pueden estar asociados con una desregulación del sistema nervioso autónomo.
Este sistema regula funciones automáticas como la respiración y el ritmo cardíaco, y tiene dos grandes respuestas: activación (sistema simpático), que prepara al cuerpo para actuar, y relajación (sistema parasimpático), que permite recuperarse. Cuando el equilibrio se pierde, podemos quedar atrapados en alerta constante o en agotamiento y desconexión. En ambos casos, regular el sistema nervioso se vuelve esencial para recuperar energía y claridad mental.
El nervio vago: el puente entre mente y cuerpo
El nervio vago conecta el cerebro con órganos como corazón, pulmones y sistema digestivo. Funciona como un canal de comunicación que permite al organismo responder de manera flexible a los desafíos. Cuando el nervio vago tiene buen tono, somos capaces de adaptarnos mejor al estrés, recuperarnos más rápido y sentirnos más conectados con nosotros mismos y los demás. En otras palabras, regular el sistema nervioso es una de las bases de la resiliencia.
Teoría polivagal aplicada al trauma también destaca la importancia del sistema nervioso entérico, o “cerebro abdominal”. Nuestro intestino produce neurotransmisores como la serotonina y mantiene comunicación constante con el cerebro. Por eso muchas emociones se manifiestan en el abdomen: un nudo en el estómago ante la tensión o mariposas cuando algo nos emociona. Cuando hemos vivido experiencias difíciles, es común desconectarnos de estas señales como forma de protección. Recuperar la conexión con el cuerpo es clave para regular el sistema nervioso y recuperar la intuición interna.
La neuroplasticidad y la transformación
Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto era rígido. Hoy sabemos que posee una gran capacidad de transformación gracias a la neuroplasticidad. Cada pensamiento, emoción o experiencia activa redes neuronales que se fortalecen con la repetición. Esto significa que patrones negativos o positivos se consolidan con el tiempo.
La buena noticia es que podemos fomentar la neuroplasticidad positiva: crear conexiones neuronales asociadas a seguridad, calma y conexión. Y de nuevo, el primer paso suele ser regular el sistema nervioso para que el cuerpo salga del modo de supervivencia.